Una sala de grandes dimensiones, dispuesta a modo de salón.
Un grupo de unas diez personas charlan relajadamente sobre cosas al parecer no muy importantes, una chica joven sentada al fondo del salón en un sillón de caoba y terciopelo negro llora desconsolada sin emitir ningún sonido, su pareja un chico de porte elegante se encoge de cuclillas frente a ella sosteniendo las manos de la chica entre las suyas. El chico no parece preocupado.
El resto de presentes gente de no menos de sesenta años dan pequeños sorbos de té en tazas diferentes. Visten ropa austera, de tonos oscuros, vieja, pero bien cuidada. Las mujeres en su minoría ocupan las zonas de asiento, los caballeros distinguidos hombres corpulentos sostienen anchos y pesados vasos de cristal con algún tipo de licor dentro. Charlan mientras esperan algo.
En el exterior llueve.
Una inmensidad de tejados grises y puntiagudos con pequeñas ventanas dispersas de un modo casi geométrico se divisa por los grandes ventanales que rodean la sala. En el exterior una lluvia gris y fría acentúa el aspecto monocolor de la tarde.
Suena una música perfectamente perceptible, demasiado tranquila quizás para el animo de las conversaciones. La música en cierto momento se para, el personal continua sus conversaciones ignorando el cese ambiental, alguien provoca que la situación de la conversación se quede en silencio por unos segundos. Se dirige al fondo del salón, cerca de la pareja de jóvenes ignorados y vuelve a poner la misma música desde el principio.